Dos paneles y todo el teclado: copiar, comparar, comprimir, renombrar en lote, entrar en un zip o conectarte a un servidor — sin abrir otra app. Y cada copia comprobada byte a byte, para que borrar el original no sea un acto de fe.
⌘→
01Dos paneles
De dónde y a dónde, a la vista al mismo tiempo. ⇧⌘→ mueve, ⇥ cambia de lado.
02Antes de escribir
Cuántos archivos, cuánto pesan y qué se sobrescribe — antes de tocar un byte.
03Después
Cada operación con su hora y su resultado, y ⌘Z para deshacerla.
04Modos
Seis modos que quitan lo que estorba y lo devuelven todo al salir.
05Buscar
Los resultados caen en el panel: cópialos, comprímelos, renómbralos.
06Comprimidos
zip, 7z, tar, rar. Entras, sacas lo que quieras, y sale por la misma cola.
07Red
SFTP, SMB, FTP y S3 se navegan igual que el disco de al lado.
08Teclado
⌘K encuentra cualquier orden por su nombre. Todos los atajos son reasignables.
09En lote
La tabla de antes y después, completa, antes de tocar ninguno.
10Espacio
Bytes de verdad, no los que el archivo dice pesar: la imagen de Docker dice 64 GB y ocupa 17.
11Deshacer de verdad
⌘Z revierte la última operación de archivo, no la última línea de texto. Y por debajo hay una bitácora que sobrevive a cerrar la app: lo que moviste anteayer sigue ahí, con su fecha, su carpeta y cuántos elementos tocó.
Registra todo lo que la app le hace a tus archivos, no solo lo que se puede deshacer: lo que fue a la papelera y lo que se borró para siempre, las tarjetas que ingeriste, los comprimidos hechos y deshechos, los permisos que cambiaste, tus propias órdenes, la papelera vaciada — y también lo que falló, porque «¿por qué no está este archivo?» es justo la pregunta para la que existe un registro.
Se busca por lo que recuerdes —un nombre, una carpeta, el nombre de la operación, incluso la fecha— y se acota por tipo de acción (movido, borrado, creado, cambiado por dentro) y por fecha: hoy, ayer, los últimos siete o treinta días, este año, o entre dos fechas que elijas. Y lo que estés viendo se exporta a CSV o JSON, con los filtros puestos.
Revertir mueve los archivos de vuelta a donde estaban. Si algo ya ocupa el sitio, se detiene y te lo dice — no hay reversión que cause el daño que venía a reparar.
Si los archivos cambiaron después de aquella operación, la app lo advierte antes de revertir: el mundo derivó, y revertir a ciegas no restaura lo que crees.
Guarda las últimas 5.000 operaciones, es local y no sale de tu Mac, y el botón «Borrar historial» está en la misma ventana: el registro es tuyo y se vacía cuando tú quieras, sin tocar un solo archivo.
Revertir devuelve los archivos a donde estaban, aunque fuera anteayer.
12Cifras
Cualquiera puede escribir «rápida» y «ligera». Estas son las cifras que respaldan esas palabras, cada una con la nota que dice en qué máquina y con qué se obtuvo — y las cuatro se pueden reproducir sin pedirnos permiso.
en listar una carpeta de 50.000 archivos. Con scroll fluido, no un número de laboratorio: el mismo listado que ves al entrar.
dependencias de terceros. El ejecutable solo enlaza contra frameworks del sistema. Nada que actualizar, nada ajeno que auditar.
pruebas automáticas que corren antes de cada versión. Incluidas las que fallan si una función se queda sin página de ayuda.
de descarga. Sin instalador, sin componentes de fondo, sin ayudantes con privilegios: una app que se arrastra a Aplicaciones.
13Confianza
No hace falta que nos creas: casi todo lo que importa se comprueba desde fuera, con herramientas que ya están en tu Mac.
14Los límites
Una lista de funciones que omite los límites es publicidad. Estos son los de esta app, y ninguno es una promesa pendiente: son decisiones, con su motivo.
Ni las recetas, ni la sincronización programada, ni el índice de nombres funcionan con la app cerrada. Programarlas en segundo plano exigiría instalar un agente del sistema, y entonces esta frase dejaría de ser cierta.
Nunca por su cuenta. Dos funciones lo necesitan —la papelera navegable y algunas carpetas de nube— y cada una se explica el día que la usas, o funciona en una forma reducida. Un gestor de archivos que abre pidiendo las llaves de todo es indistinguible de algo que no deberías haber instalado.
Y no es una queja: el sandbox que exige la tienda es incompatible con esta categoría. Un gestor de archivos necesita ver el disco entero, montar volúmenes de red, escribir en la papelera y recorrer unidades externas. La alternativa habría sido una versión recortada fingiendo ser la misma app. Se vende directo, firmada y notarizada por Apple.
El índice de nombres es opt-in por carpeta, la lista empieza vacía, la ventana dice cuánto ocupa y hay un botón para borrarlo. Guarda nombres, rutas, tamaños y fechas: nada de contenidos.
Y no por falta de tiempo: una API estable exige compromisos de ABI, aislamiento y revisión de código ajeno que un producto cerrado de un autor no puede sostener — y el primer plugin que corrompa tus archivos sería, con razón, un problema de esta app. La posición es scriptable, no extensible: tus comandos, AppleScript, Atajos y om.
Ni base de datos que exportar, ni formato que solo ella entienda. Si mañana dejas de usarla, tus carpetas están exactamente donde las dejaste — que es el único compromiso que un gestor de archivos debería pedirte.
Una más, pequeña y deliberada: el buscador de duplicados no te deja borrar todas las copias de un grupo. Es el único sitio de la app que sabe qué es un grupo, y por eso el único que puede negarse. Y el límite del que más se pregunta —qué hace con la red y con tus datos— tiene su propia lista más abajo, con lo que se puede comprobar.
15Preguntas
La app no se cierra ni te bloquea los archivos. Sigue navegando, buscando, comparando y viendo — lo que pide licencia son las operaciones de escritura. Nada de lo que hayas hecho durante la prueba se pierde ni queda atrapado.
No. La licencia es una llave firmada con Ed25519 que se verifica completamente offline, ni el primer día ni el último se pregunta a un servidor. El chequeo de actualizaciones es opt-in, va por HTTPS y solo pide un archivo de versión: nunca descarga ni ejecuta nada por su cuenta.
No, y por eso puede hacer lo que hace: el sandbox de la tienda no permite el acceso a disco completo, los volúmenes de red, la papelera por volumen ni el escaneo de carpetas ajenas, que es justo el trabajo de un gestor de archivos. Se vende directo, en un DMG firmado con Developer ID y notarizado por Apple.
No. En Ajustes se activa el preset Total Commander: keymap clásico, barra de teclas de función, barra de volúmenes y la terminología de siempre. Cualquier atajo se puede reasignar uno por uno, y el preset deja elegir ⌘ o ⌃ como modificador de las órdenes de edición.
No: lo que en otras apps sería un plugin, aquí ya viene dentro — el resumen de sesión FITS o el informe de directorio son ejemplos. A cambio, en una app que toca todo tu disco no corre código de terceros, y no hay que esperar a que nadie actualice nada después de cada versión de macOS.
Se piden cuando hacen falta y con la razón delante. Sin acceso a disco completo la app funciona igual en todo lo que el sistema le deja ver; lo que no hace es fingir que puede leer algo que no puede.
Español e inglés, ambos desde el primer día y verificados corriendo el mismo binario en los dos: unas 870 claves, con las de conteo en .stringsdict para que los plurales sean del idioma y no de una concatenación.
Sí, y también las vistas que dibujamos nosotros: las pastillas de volumen, la barra de teclas de función, la tira de pestañas y el gráfico de velocidad se anuncian con nombre propio. La accesibilidad es criterio de salida, no un extra: decir «más capaz que el Finder» obliga a llegar donde el Finder ya llega.
16Privacidad
Esto no es una promesa de intenciones, es una lista de lo que el programa hace con la red, y se puede comprobar con el Monitor de Actividad abierto al lado.
No hay telemetría, ni analítica, ni cuentas. La app no registra qué abres, ni qué buscas, ni cuánto la usas, y no tiene dónde mandarlo aunque quisiera: no hay servidor de este producto.
La licencia se verifica sin red. Es una llave firmada que se comprueba con criptografía en tu Mac, el primer día y el último. No hay activación en línea, no hay «llamar a casa», y desconectarte no la rompe.
El único tráfico que la app hace por su cuenta es el chequeo de actualizaciones, que viene apagado: si lo enciendes, baja un archivo pequeño por HTTPS con el último número de versión, y nunca descarga ni ejecuta nada. Lo demás que salga a la red lo pides tú: conectarte a tu servidor, a tu bucket, a tu nube.
Lo que la app guarda, lo guarda en tu Mac: las preferencias, los espacios de trabajo, tus comandos, las reglas de color y la bitácora de lo que hiciste con tus archivos. Todo en tu carpeta de usuario, todo en archivos que puedes leer, y la bitácora se vacía con un botón cuando tú quieras.
Las credenciales de tus servidores van al llavero de macOS y nunca a un archivo de configuración. Esta página, además, no lleva analítica ni cookies.
17Conseguirlo
Todavía no está a la venta. La app está terminada y en pruebas; falta la firma notarizada de Apple y el canal de cobro. Esta página existe para que puedas juzgar el producto antes de que exista el botón de compra — no para venderte hoy.
Catorce días con todo abierto, sin cuenta, sin tarjeta y sin conectarse a nada. Al terminar, la app no se cierra ni te bloquea los archivos: sigue navegando, buscando y viendo — solo las operaciones de escritura piden licencia.
La licencia se verifica completamente offline: es una llave firmada que la app comprueba sin preguntarle a ningún servidor, ni el primer día ni el último.
Un pago de US$19 y es tuya, sin suscripción. Las actualizaciones dentro de la misma versión mayor están incluidas. El cobro será en dólares.
Por qué cuesta 19 y no 149. No hay servidores que pagar: la licencia se verifica en tu Mac, no hay cuentas, no hay sincronización, no hay nada que mantener encendido. Lo que compras es un binario y las actualizaciones de su versión mayor, y eso es lo que cuesta hacerlo.
US$19 y es tuya. Las actualizaciones de la misma versión mayor van incluidas; una versión mayor futura se pagará aparte, y se dirá con antelación.
Sin cuenta, sin tarjeta y sin conectarse a nada. Al terminar sigue leyendo, buscando y mostrando: lo que se apaga son las operaciones que escriben.
Una llave firmada con criptografía de curva elíptica que se comprueba en tu Mac. Sin servidor de activación que pueda caerse, cambiar de dueño o cerrar.
No hay analítica que desactivar porque no existe. Cualquier monitor de red lo enseña: en reposo la app no habla con nadie.
Nada de bibliotecas propias ni bases de datos que haya que exportar. Si mañana dejas de usarla, tus carpetas están exactamente donde las dejaste.
No hay un formulario de soporte de primer nivel. Un correo, y contesta la persona que escribió la línea de código de la que estás hablando.